Por: Fátima Zamorano, Vicepresidente Consejo Administración Grupo AZA.
En primer lugar, el título me parece un gran acierto. Desde mi perspectiva, el liderazgo se define, ante todo, por la toma de decisiones.
Con el paso del tiempo y la experiencia acumulada, he observado —tanto en mi propia trayectoria como en las personas que me rodean— que la velocidad en la toma de decisiones evoluciona. En la juventud, solemos decidir con rapidez, a menudo impulsados por la energía propia de la edad. Sin embargo, con los años, ese proceso se vuelve más reflexivo y se apoya con mayor solidez en la experiencia adquirida.
El reto fundamental sigue siendo decidir con la agilidad que exigen los negocios del siglo XXI, pero con la diligencia necesaria, logrando un equilibrio esencial para no caer en la parálisis por análisis.
El buen directivo es aquel que decide con criterio, aun sin disponer de certezas absolutas. Que una decisión haya sido la adecuada solo lo determina el tiempo; incluso, en ocasiones, es posible que nunca lleguemos a saberlo con certeza. No obstante, tengo absolutamente claro que la función principal de un buen líder es tomar decisiones —algo que muchos evitan— y, en caso de error, rectificar con rapidez y con una actitud constructiva que sepa transmitir confianza al equipo. En última instancia, el líder debe centrarse en dar ejemplo y en marcar el camino a los demás.
1. Tomar decisiones sin información ni formación resulta inviable.
Sin embargo, en determinados momentos, los empresarios debemos decidir sin contar con todas las certezas. Esto exige una aversión al riesgo equilibrada: la suficiente para asumir la responsabilidad de decidir, pero evitando riesgos que no puedan ser asumidos. Es imprescindible ser consciente de las limitaciones, ponderar todas las variables posibles y aceptar que, inevitablemente, siempre habrá factores no previstos.
Cuando se detecta un error y existe margen de corrección, es fundamental rectificar con rapidez. Cuando no es posible, la única alternativa es aprender. En cualquier caso, conviene asumir que todo proceso tiene distintos desenlaces y que es necesario valorar tanto lo positivo como lo negativo, siendo conscientes de que ninguna situación —ni el éxito ni la adversidad— es permanente. La paciencia, la actitud, la prudencia y la reflexión deben acompañar siempre a la acción.
2. El riesgo de una mala decisión por falta de análisis.
Uno de los principales errores es tomar decisiones incorrectas por no haber analizado adecuadamente la situación. Resulta esencial escuchar a las personas que nos rodean, evitar la sensación de estar en posesión de la verdad absoluta y, en muchos casos, tomar distancia para ganar perspectiva.
En el contexto actual, las decisiones deben adoptarse con rapidez, y no siempre es posible dedicarles el tiempo o la atención deseados. Sin embargo, en ocasiones, apartar temporalmente un asunto y centrarse en otra actividad ayuda a ordenar las ideas y a clarificar el criterio.
¿Hasta qué punto es legítimo equivocarse cuando se lidera en contextos inciertos?
Depende, en gran medida, del tipo de error. Muchos errores pueden rectificarse o, al menos, mitigarse; ahí es donde resulta clave actuar con la diligencia necesaria para corregir con rapidez. A mi entender, lo verdaderamente reprochable es la inacción. Existe, no obstante, una línea muy fina entre actuar con determinación y hacerlo con la prudencia debida.
¿Cómo se gestiona la presión externa (resultados, expectativas, jerarquía) sin que afecte al criterio?
Fundamentalmente, de dos maneras: con una sólida confianza en uno mismo y con un elevado espíritu crítico.
No es sencillo. La soledad en la toma de decisiones puede resultar especialmente paralizante, sobre todo cuando el propio criterio difiere del de la mayoría. Por ello, es fundamental asegurarse, de la forma más objetiva posible, de que la decisión adoptada responde a un criterio propio y bien fundamentado. Lo más importante es que, en el fuero interno, exista una convicción firme sobre la decisión tomada.
¿Qué habilidades son más importantes para liderar en escenarios imprevisibles?
En contextos imprevisibles, resultan esenciales la rapidez para informarse y la capacidad de analizar la información con criterio propio, sin dejarse influir en exceso por el entorno, pero sabiendo incorporar aquellos puntos de vista que aportan valor.
¿Qué mecanismos pueden ayudar a reducir sesgos cuando se decide con urgencia?
Para reducir los sesgos en situaciones de urgencia, el primer paso es el autoconocimiento. Conocer los propios sesgos es clave en la toma de decisiones. Los sesgos forman parte de nuestra naturaleza y de nuestra forma de ser; ignorarlos por completo podría llevarnos a decisiones poco auténticas.
No obstante, es fundamental identificar los sesgos —sociales, cognitivos, de datos, de confirmación u otros— y ser conscientes de cómo influyen en nuestro juicio. Solo así es posible tomar decisiones más objetivas, ejerciendo un espíritu crítico no solo hacia el entorno, sino también hacia uno mismo.