Por: Álvaro Merino, speaker internacional y socio en 3’59.
El contexto actual exige a los líderes una capacidad cada vez mayor para gestionar la complejidad. La polarización social, la presión por ofrecer respuestas rápidas y la simplificación del debate público afectan directamente a la forma en que se lideran organizaciones y equipos. Ante este escenario, el liderazgo no puede basarse en mensajes reduccionistas ni en posiciones extremas, sino en la capacidad de sostener matices y tomar decisiones conscientes.
Liderar hoy implica aceptar que muchos de los retos a los que se enfrentan las organizaciones no tienen soluciones simples. Reducirlos a consignas claras puede generar adhesión inmediata, pero no aporta soluciones duraderas ni genera confianza a largo plazo.
La escucha como herramienta de liderazgo
Uno de los elementos centrales del liderazgo en este contexto es la escucha. Escuchar no significa ceder ni renunciar a la toma de decisiones, sino ampliar la comprensión de la realidad antes de actuar. Un liderazgo que no escucha corre el riesgo de tomar decisiones desconectadas de las personas y del entorno.
La escucha permite identificar tensiones, comprender diferentes perspectivas y enriquecer el proceso de decisión. Además, refuerza la legitimidad del liderazgo, ya que las decisiones no se perciben como arbitrarias, sino como el resultado de un análisis más amplio.
Firmeza sin imposición
El liderazgo no puede limitarse a escuchar; también implica decidir. En entornos polarizados, muchas decisiones generan desacuerdo, y asumirlo forma parte de la responsabilidad del líder. La clave no está en evitar el conflicto, sino en gestionarlo con claridad y coherencia.
La firmeza no debe confundirse con imposición. Un liderazgo firme es aquel que mantiene el rumbo y los valores, incluso cuando existen presiones externas, pero que al mismo tiempo es capaz de explicar sus decisiones y asumir sus consecuencias.
Polarización y organizaciones
La polarización social no se queda fuera de las organizaciones. Influye en los equipos, en las relaciones internas y en la manera en que se interpretan las decisiones. Ignorar esta realidad puede generar bloqueos, desconfianza y enfrentamientos improductivos.
El liderazgo tiene un papel clave en la creación de espacios donde el desacuerdo pueda expresarse sin derivar en confrontación constante. No se trata de eliminar las diferencias, sino de establecer marcos que permitan gestionarlas de forma constructiva.
Aceptar la incertidumbre como parte del liderazgo
Otro aspecto fundamental del liderazgo actual es la capacidad de convivir con la incertidumbre. No siempre es posible ofrecer respuestas claras e inmediatas, y reconocerlo forma parte de un liderazgo responsable.
Aceptar que no todo está resuelto, que algunas decisiones requieren más información o que los escenarios pueden cambiar no debilita al líder. Al contrario, refuerza la credibilidad y evita generar falsas certezas que, a medio plazo, pueden erosionar la confianza.
Un liderazgo que sostiene la complejidad
En conjunto, el liderazgo que demandan los contextos actuales es aquel capaz de escuchar, decidir y sostener tensiones sin caer en la simplificación. Un liderazgo que no busca agradar a todos ni imponer verdades absolutas, sino facilitar comprensión, diálogo y decisiones coherentes en escenarios complejos.
Liderar no consiste en ofrecer respuestas rápidas, sino en crear las condiciones para que las organizaciones puedan avanzar con criterio, incluso cuando el entorno es incierto y polarizado.